Zombies en el cañaveral, ¿si el terror inició en Argentina y no en EEUU?

Zombies en el cañaveral, ¿si el terror inició en Argentina y no en EEUU?

Plot twist: zombies en el cañaveral

En el año 1965, en Tucumán, Ofelio Linares Montt y Manucho Miranda, quienes nunca habían hecho una película, juntan recursos y, sin ningún tipo de apoyo oficial, producen Zombies en el cañaveral. Si hoy día el cine de terror cuenta con escaso apoyo para su difusión, imagínense en esa época, y en pleno gobierno de Onganía. El estreno local era imposible y en este escenario sus perpetradores parten a los EEUU, donde la película gozó de cierto éxito.

zombies en el cañaveral

Todo marchaba bien, pero la dupla sufre dos batacazos

El primero sucede cuando presentan la película al comité de calificación del Instituto de cine con la finalidad de tener un estreno local. No sólo se los niegan, sino que destruyen la única copia existente y un misterioso incendio en la productora termina con los negativos. El tiempo empezó a cicatrizar la herida, pero Miranda descubrió algo que se volvió una obsesión que lo terminó enfermando. En los Estados Unidos, un tal George Romero acababa de estrenar una película muy, pero muy parecida a la que ellos habían realizado, bajo el nombre La noche de los muertos vivos. Claro que sin las copias, comprobar el plagio era imposible. Manucho hizo todo lo que estaba a su alcance, pero el juicio no prosperó y la depresión se apoderó de él.

El documental reconstruye, principalmente a través de testimonios, el recorrido de esta película maldita. Su motor es la investigación del especialista Luciano Saracino, quien emprende la búsqueda del guión original tras hacer un pacto con Linares Montt sobre la realización de una remake. La investigación es la excusa para incluir a múltiples voces autorizadas en la materia, con el foco puesto en el destino trágico de la cinta. Y, a la vez, el destino de la película sirve (como las mejores películas de zombies) para hacer una crítica social. Zombies en el cañaveral habla de la voluntad, de los sueños y de la autogestión. Pero también habla de la subversión, de la censura, del miedo que sienten los que detentan el poder frente a lo que no comprenden, y cómo optan por destruirlo. 


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Zombies en el cañaveral tiene un muy buen ritmo, y los dos personajes que la llevan adelante (Saracino y Linares Montt) son magnéticos: hablan con pasión y convicción sobre sus historias y sus obsesiones. Uno siente una empatía casi automática con ambos y no puede evitar desear que la aventura llegue a buen puerto.

Como es un documental, no es una película que pueda considerarse estrictamente de terror, pero vaticinamos que con un poco más de recorrido (la vimos en su primer proyección pública) va a convertirse en un clásico del cine zombie latinoamericano.

Zombies en el cañaveral es un documental de Pablo Schembri que, como toda película, propone un recorrido y establece un pacto con el espectador. Queda en uno aceptarlo o no. Recomendamos hacerlo: fue la opción que tomamos y la pasamos de diez.

¿Mucho misterio para una reseña? Puede ser. Pero cuando vean la peli comprenderán el motivo.

 

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