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Una madre protectora, de Guillermo Martínez

Una madre protectora es una nouvelle de Guillermo Martínez, editada por Planeta. Originalmente publicada dentro de la antología Una felicidad repulsiva (2013), Una madre protectora se “independiza” seis años después.

Sinopsis de Una madre protectora

Lorenzo Roy se pone de novio con Sigrir, una danesa que, según el grupo de amigos de Roy, llegó en el momento justo para evitar que él volviera a entregarse a la bebida.

Pintor bohemio, padre de dos chicos a los que no ve hace años, porque fueron con su madre a Estados Unidos, no tardará en percibir que su vida poco a poco se va transformando en un infierno.

Cuando Sigrir queda embarazada, todo es alegría. Les estaba costando lograrlo. Pero desde el momento en el que el bebé nace, todo se trastoca, se pervierte, y nada es como debería ser.

Una madre protectora

Reseña

La historia es narrada por uno de los personajes, cuyo nombre desconocemos. Este pertenece al grupo de artistas del que forma parte Lorenzo Roy. De hecho, ahí es donde se conocen.

En la escritura, hay una regla bastante conocida: show, don’t tell me (mostrámelo, no me lo cuentes). Guillermo Martínez juega con esto, ya que la historia no nos llega de primera mano. Y no porque el autor peque contándonos acciones sin mostrárnoslas, sino porque el narrador nos va contando la historia a partir de lo que Lorenzo y los otros miembros del grupo le fueron diciendo. Nosotros no “vemos” casi nada de lo que ocurre en Una madre protectora. Al igual que el narrador.

Y este es el principal problema con el que se encuentra El hijo, la adaptación cinematográfica de esta nouvelle, dirigida por Sebastián Schindel y protagonizada por Joaquín Furriel. En la necesidad (y obligación) de mostrar cosas, en la película pierde peso la incertidumbre que tanto valor le da al libro: la película nos muestra que está pasando algo, lo vemos, somos testigos; en cambio, en la novela, el narrador nos dice que alguien se lo dijo. No lo vemos, no sabemos si fue realmente así o si están exagerando.

Como indica el título, la trama se centra en la maternidad. Pero a no confundirse: lo que va haciendo avanzar la historia es la paternidad sufrida de Lorenzo Roy. Toda la historia está teñida de un clima sombrío, en donde no es clara la intención de ninguno de los personajes.

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Una madre protectora: ¿quién protege a quién?

En la contratapa, Samanta Schweblin escribe lo siguiente: “Con la intensidad y el ritmo de un thriller, esta historia invoca en sus últimas páginas la inminencia del horror, enfrentando al lector a la fina línea que divide la cordura de la locura, acorralándolo cara a cara con la verdad e imponiéndole la crudeza de una inquietud inevitable: ¿podría pasarme a mí? ¿Tan rápidamente podrían quitarme de las manos lo único que me sostiene en este mundo?”.

No se sabe de qué la juega cada uno. Y es en este sentido que, en el postfacio, Matías Moscardi nos habla de la desconfianza como política de lectura: “la maestría de Martínez consiste en ubicar el conflicto entre dos realidades posibles”. Asímismo, nos explica una teoría de Piglia: “un cuento siempre narra dos historias, de las cuales la historia secreta es la clave”. Estamos ante dos versiones de los hechos: ¿Sigrir es una mala madre? ¿O Lorenzo es un mal padre? Una de las dos es la verdad. Y no sabemos cuál.

Me parece oportuno traer a colación a Hegel. El filósofo alemán planteó que la dificultad no reside en tener que elegir entre el bien y el mal, sino entre el bien y el bien. Parafraseándolo, podemos decir que, al momento de interpretar Una madre protectora, no se trata de elegir entre una historia posible y una historia fantástica, sino entre una historia posible y otra que también lo es.

Y también Edgar Allan Poe dijo (¿o dicen que dijo?) algo que viene al caso: “creé sólo en la mitad de lo que veas, y en nada de lo que escuches”.

Muchas dudas, mucho a interpretar. ¿Sabe qué es lo mejor en estos casos, lector? Leer.

Sobre el autor

Guillermo Martínez

Guillermo Martínez nació en Bahía Blanca, en 1962. Es doctor en Ciencias Matemáticas. Entre sus obras se destacan Borges y la matemática, Crímenes imperceptibles (también llevada al cine), La muerte lenta de Luciana B y Los crímenes de Alicia.

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