Capricho #43, el sueño de la razón produce monstruos

Capricho #43, el sueño de la razón produce monstruos

Contratapa de Capricho #43 

Néstor Darío Figueiras lo explica en su prólogo: el título de este libro remite al célebre grabado de Francisco de Goya titulado “El sueño de la razón produce monstruos”, cuadragésimo tercero de la serie “Los caprichos”. Y la relación entre los textos acá reunidos y la frase (y la imagen) es certera: el lector podrá encontrar en estos treinta y seis cuentos brevísimos y breves –más el bonus track– un compendio de pesadillas y monstruos, ciencia ficción, fantasía y terror, un malón de ficciones que en su lado más oscuro se asemeja a esa tormenta de alas que asedia al durmiente en el grabado de Goya.
Pero hay más: un Capricho, en pintura, es un paisaje ensamblado con ruinas y edificios yuxtapuestos en combinaciones ficticias o incluso fantásticas, y en música (no olvidemos que Figueiras es músico también, y vaya si uno talentoso) el término alude a una pieza de forma libre, intensa, acelerada y virtuosa. Creo que ambas nociones describen bien –o mejor– este libro de Figueiras: tanto por el desparpajo y la fluidez que hilvanan los relatos como por el acervo imaginativo al que remite y renueva. Hay horror, es decir, pero también hay humor. Y, en el corazón del libro, un asombro y una maravilla contagiosos.

Quienes conocemos y apreciamos las obras más ambiciosas de Figueiras sabemos hasta dónde puede llegar en textos de gran calado en cuanto a riqueza imaginativa y conocimiento de los tropos de género; en Capricho #43 encontramos otro lado de su talento, y nos sorprende con sus divertimentos, su voluptuosidad de viñetas, microrrelatos y cuentos cortos, libres y elegantes. Cerrado el libro llegamos a sentir que hemos jugado un juego con el autor o bailado un minué, a la música de sus ideas. Y hay en eso una fabulosa felicidad literaria.

capricho #43

Reseña

“Capricho #43” es un libro de Néstor Darío Figueiras, editado por Peces de Ciudad. Está formado por treintaisiete cuentos y relatos. La mayoría de ellos, cortos (sólo ocho superan las tres páginas).

A lo largo de 140 páginas, el autor despliega un arsenal de monstruos y miedos para todos los gustos: sobrenaturales, psicológicos, bíblicos, tecnológicos… y ni el Destino y el Tiempo se salvan de caer en esta sopa de atrocidades. Va a haber vampiros y zombis, viajes al pasado y al futuro, clones y seres de otros mundos, diablos y dioses, asesinatos y más. Hasta podremos toparnos con situaciones humorísticas en algunos de los textos.


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Recurrir a toda esa diversidad de elementos y estilos tiene su desventaja. A cada lector, habrá relatos que le gustarán mucho y otros poco, con sus respectivos intermedios, claro. Principalmente se puede deber a las temáticas. El libro está dividido en ocho partes (sin contar su bonus track final), y cada una de esas partes trata sobre algún terror distinto. Así, nos vamos a encontrar con: “Algunos monstruos típicos”, “La balada del diablo y la muerte”. “La monstruosidad de los dioses”, “Tecnologías monstruosas”, “Monstruos psicopáticos”, “Monstruos de otros mundos”, “El destino es un monstruo ineludible” y “Un monstruo llamado Cronos”. Cada una de estas partes contendrá entre tres y ocho relatos, que tocan el tema que les da nombre. En relación a lo que digo más arriba: algunas partes me gustaron poco. Podemos tener tres o cuatro con mucha acción, luego pasar a un par de especulaciones bíblicas, después viajar al pasado para arreglar algún presente y más tarde visitar algún mito. Así, tuve distintas sensaciones y pareceres durante la lectura. Mi parte favorita es la primera, en donde predominan los vampiros.

Néstor Darío Figueiras

Por otro lado, la diversidad de elementos y estilos también tiene su ventaja: es esperable que, entre muchos temas que se tocan, tantas pesadillas de distinto tipo, algunas nos atrapen. En términos generales, las que más me atraparon fueron las historias que incluyeron alguna entidad sobrenatural y las que tuvieron una violencia más humana.

Cosas que considero que hay que destacar:

  • El autor muestra gran versatilidad, manejando muchos recursos y con una narrativa bien cuidada.
  • La ilustración de la portada, a cargo de Maxy Bárbaro. La misma complementa a la perfección la idea del capricho 43 de Goya: “El sueño de la razón produce monstruos”.

Curiosidades:

  • Hay dos textos (“El zoo freak de Phil” y “Tres que van”) en homenaje a cuatro escritores: Philip K. Dick, Úrsula K. Le Guin, Frank Herbert y Samuel “Chip” Delany. Esos dos textos tienen la particularidad de estar formados por 500 monosílabos cada uno. Ejemplo: “El pez se va al sur, a un mar sin sal, un mar de té, de gel, de hiel. Mas no ve la red”. ¡Qué desafío!
  • Los textos son autoconclusivos, excepto tres de ellos: “Enfermo terminal” (página 21), “La apostasía de Sonja” (página 27) e “Incunable” (página 105). A pesar de estar separados entre sí, forman una continuidad. Y quizás sea la historia que más me gustó (me encantan los libros mágicos).

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Más allá de ello, si tuviera que quedarme con diez cuentos, serían: “Besos feroces (o cuando se acaban los argumentos)”, “La apostasía de Sonja”, “Financiación”, “Ahora no tiene gracia”, “Mandato”, “Reality”, “Las mismas tijeras”, “Lucha sindical”, “Alegato”, “Incunable” y “El hombre que contempló el Armagedón”. El lector atento pudo haber notado que, en realidad, nombré once. Bueno, estimado, el libro tiene un bonus track, ¿por qué esta reseña no?

Creo que Capricho #43 es una obra que, por su amplitud, nos permite conocer gran parte de los intereses del autor. Y es una puerta que nos puede llevar al cielo, al infierno, a otra realidad o a peligros más mundanos, presentes y futuros.

Lea y fíjese dónde termina usted. Después de todo, como el mismo Figueiras señala en el prólogo de otro libro, no se puede compartir lo que se genera en la lectura entre el autor y el lector, apenas intentar explicar un poco. Las reseñas, añade, son casi un género en sí mismo, y el libro del que habla el reseñador sólo existe en la mente y el alma del reseñador.

Así que adelante, lector. No sea caprichoso y lea.

 

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