Guía definitiva: hasta los 30 y más allá

Guía definitiva: hasta los 30 y más allá

Los monstruos clásicos del 30

Para muchos, 1930 es la década más valiosa del cine de terror. En esos años se gesta, aparecen reglas y climas que definen buena parte del género. El público estadounidense, desolado por la crisis socioeconómica que atravesaba, vio en los monstruos de la Universal y en las historias espeluznantes la posibilidad de trasladar el morbo y el miedo de la realidad al celuloide. Además, uno de los avances técnicos más importantes, el sonido, impulsó estas producciones de la mano de la música, enfatizando el suspenso y la sorpresa.

Aquí hacemos un repaso, recordándoles que esta nota tiene algo así como una primera parte en el siguiente enlace: El inicio del cine de terror.

Los monstruos de la Universal

Dracula (Tod Browning, 1931)

Drácula tal vez sea el personaje de terror más famoso del Siglo XX. Y este film fue el primer paso, el puntapié inicial, la película que inició esta Edad de Oro en el cine de terror poniendo en la pantalla a un Bela Lugosi elegante y macabro, que sería el prototipo y el punto de comparación para las muchas caracterizaciones del personaje que vendrían después.

Al día de hoy, el film no resiste bien el paso del tiempo: el dinamismo brilla por su ausencia y se nota una decisión errática ante el naciente uso del sonido. Lo que más suele destacarse son los decorados y la iluminación (realizada por Karl Freund). Sin embargo, su visionado nos remite al Drácula más excéntrico y a la vez risible, y nos convoca a pensar el largo camino que realizó el personaje para convertirse en lo que es hoy en día. Mirarla implica un ejercicio de adaptación que la mayoría no tendrá ganas de hacer, pero recomiendo soltarse y disfrutarlo como el mejor cine de clase B.

Frankenstein (James Whale, 1931)

Construir un nuevo ser humano con fragmentos de cadáveres. ¿Qué más terrorífico que eso? La premisa del Dr. Henry Von Frankenstein es perturbadora, pero lo que no sabe luego de recolectar todos los pedazos, es que el cerebro que va a utilizar ha pertenecido a un criminal.

El mítico Boris Karloff caracteriza a un monstruo que solo conoce odio y asesinato. Es extraño y de aspecto tosco, feo, grotesco. Junto a escenarios siniestros y a una iluminación con sombras bien marcadas, Frankenstein pasó a ser inmediatamente un éxito y un clásico del cine de terror. Además de su aspiración por generar miedo, sus planteos sobre el accionar de la ciencia por sobre la naturaleza lo hacen un visionado magnífico, tanto para los amantes del género como para los que no.

 

The Mummy (Karl Freund, 1932)

Antes de Brendan Fraser y la hermosísima Rachel Weisz, hubo una momia caracterizada por Boris Karloff. Salvo diferencias, el argumento es semejante a la conocida película de 1999: un sacerdote del Antiguo Egipto, Imhotep, vuelve a la vida ante la lectura de un papiro encontrado en su tumba. Obsesionado por un viejo amor, buscará resucitar a la princesa Ankhesenamon, y para ello raptará a Helen Grovesnor (Zita Johann), compañera del arqueólogo Frank Whemple (David Manners).

The Mummy podría ser una remake de la Dracula filmada en 1931, y entendemos las similitudes cuando vemos que el guionista del film fue John L. Balderston, quien había trabajado en la adaptación de la obra de teatro basada en la novela de Stoker. Por otra parte, el director Karl Freund había realizado los decorados y la iluminación en la película de Browning, siendo una suerte de co-director.

La estructura casi calcada de estos dos guiones y las innumerables semejanzas en las puestas de cámara no son casualidades de la época o el género. Sin embargo, al momento de la observación, se hace evidente un salto cualitativo, siendo The Mummy más llamativa, con un trabajo de maquillaje sobresaliente y una fotografía superior.

The Invisible Man (James Whale, 1933)

Un hombre con el rostro cubierto por vendas llega a una posada en la aldea de Iping. Misterioso y turbulento, pide no ser molestado, y encerrado en su habitación pasa los días realizando experimentos. Cuando los dueños de la posada quieren echarlo por no pagar, Jack Griffin (Claude Rains) se quita los vendajes y revela su verdadera naturaleza: es un hombre invisible.

Film basado en la novela de H. G. Wells, quien ya venía decepcionado por la adaptación que la Paramount había hecho en 1932 de The Island of Doctor Moreau, titulada como Island of Lost Souls. Así que para esta ocasión el guión corrió con su beneplácito, dando una película que mantiene el espíritu de la obra literaria y pasa del humor al terror con naturalidad.

Asimismo, más allá de las diversas formas en que puede verse el film (por ejemplo, como metáfora del hombre jugando a ser dios o como la enajenación del ser humano), lo que destaca hasta nuestros días es la magia realizada por John Fulton en efectos especiales junto al director de fotografía Arthur Edeson. Adelantados a su tiempo, lograron hacer invisible a Rains, quien aportó su profunda y ronca voz al servicio de aterrar.

Bride of Frankenstein (James Whale, 1935)

El monstruo no ha muerto. Luego de asesinar a un aldeano, escapa y se refugia en lo de un hombre ciego. Entonces el Dr. Frankenstein (Colin Clive) es visitado por el Dr. Pretorious (Ernest Thesiger), antiguo profesor suyo, quien le propone trabajar juntos en la creación de una mujer, una compañera para el monstruo.

Se hace evidente que James Whale merece una nota aparte, ya que fue un director más que prolífico e interesante en esta década de terror. Para esta película recibió total libertad creativa, dando como resultado una obra maestra del género que desde todas sus aristas plantea el miedo a lo desconocido y lo diferente. Tal vez la alegoría más clara sea la del ermitaño ciego que establece una relación con el monstruo; alegoría que se complementa con la soledad y el deseo de tener una compañera.

Por otra parte, vale la pena el visionado de Bride of Frankenstein por el elegante y preciso manejo de la cámara de Whale, quien no duda en utilizar extrañas angulaciones en pos de aportar desajustes y anomalías a una historia turbulenta. También destacar al Dr. Pretorious, uno de los mejores personajes del film que pasó a la historia como un gran científico loco del cine.

Bride of Frankenstein es uno de esos raros casos en los que la secuela supera a la primera película, razón de más para que no pase desapercibida en esta humilde nota. El momento en que Elsa Lanchester despierta y toma consciencia de su “novio” es, no por nada, uno de los más icónicos e impactantes de la historia del cine.

The Wolf Man (George Waggner, 1941)

Larry Talbot (Lon Chaney Jr.) se entera de la muerte de su hermano y vuelve al castillo de su padre. Empieza a salir con Gwen Conliffe (Evelyn Ankers), pero una noche es mordido por un lobo al tratar de rescatar a una amiga de Gwen. Entonces, una gitana le revela que fue atacado por un hombre lobo y que, en contra de su voluntad, él también se transformará en uno.

Si bien esta película está por fuera de la década del 30, vale incluirla como el último bastión destacable del grupo conocido como Los Monstruos de la Universal. El mito de la licantropía que conocemos hoy día fue moldeado y diseñado por el guionista del film, Curt Siodmak, quien se valió del folklore aderezado por elementos de la literatura gótica y la tragedia griega, generando una mixtura de recursos que establecen en The Wolf Man numerosos matices y características más allá del puro terror.

Por otra parte, la película tiene momentos ligados al drama, por lo que la fuerza de las escenas recae en un elenco sublime que incluye a históricos como Bela Lugosi y Claude Rains. Además, la concepción de escenarios, que van desde bosques brumosos hasta calles oscuras ligadas al policial, contribuyen a una atmósfera destacable para cerrar una década memorable en el cine de terror.





Otros clásicos de la década

Dr. Jekyll and Mr. Hyde (Rouben Mamoulian, 1931)

El Dr. Henry Jekyll (Fredric March) cree que el ser humano tiene dos personalidades: una positiva y otra negativa. Con esa premisa trabaja incansablemente para la creación de una pócima que le permita separarlas. Sin embargo, el resultado es mucho más terrorífico de lo que podría esperarse, y así nace Mr. Hyde.

Personalmente adhiero a la teoría (o interpretación) de que esta película, si bien es “de monstruos”, presenta un contenido sexual que gravita entre lo implícito y explícito como si se tratara de un juego. El Dr. Jekyll quiere casarse desesperadamente con Muriel Carew (Rose Hobart), lo que después de varias repeticiones se traduce como el deseo sexual del protagonista. La conformación de la pócima para “separar el bien del mal” es la exteriorización y liberación de todos esos instintos reprimidos, que Mr. Hyde proyectará con el personaje de Ivy Pearson (Miriam Hopkins), quien es, a fuerza de exégesis, una prostituta.

Pero no todo es freudismo barato. La estética, los lugares en los que se emplaza la cámara, son muchos más novedosos y modernos que sus pares de la época. Mamoulian rompe con la teatralidad y logra dinamizar la película pensándola cinematográficamente, lo cual comprobamos, por ejemplo, en el uso de la cámara subjetiva.

El otro aspecto a destacar es la interpretación de su protagonista, Fredric March, quien le dio la pasión e intensidad necesaria al Dr. Jekyll para demostrar su entusiasmo por los experimentos realizados, y a medida que avanza la historia logró transformar toda esa energía en desazón y desesperación. En cuanto a Mr. Hyde, aún lidiando con un maquillaje que tuvo a March hospitalizado, transmite la deformación psicológica que esperaríamos en esta clase de personaje.

Vampyr (Carl Theodor Dreyer, 1932)

Allan Gray (Julian West), un joven viajero, llega a un extraño castillo. El lugar lo lleva a tener visiones terroríficas, de las cuales una destaca por ser la más espantosa: una mujer ha sido atacada por un vampiro.

Al momento de rodar esta película, Dreyer venía de estrenar en 1928 La passion de Jeanne d’Arc, emblemática y vehemente película que relata el proceso de Juana de Arco ante la inquisición. Había sido declarada una joya a pesar del fracaso en taquilla, por lo que Vampyr no pasaría desapercibida ante el mundo del cine.

Sin embargo, la película tuvo un rodaje muy extenso que empezó en 1931 y terminó en 1932. Signada por problemas económicos, fue un fiasco en taquilla y fue redescubierta décadas después, pasando a ser una obra maestra del género. Tanto el argumento como su clima espeluznante (deudor del expresionismo alemán, como todo el cine de terror de esta década), ponen a Vampyr en un lugar de privilegio frente a otras producciones de la época.

Freaks (Tod Browning, 1932)

Con Freaks, el director de Dracula rompe el esquema: en esta película, el terror no se desarrolla en un castillo lúgubre de estilo centroeuropeo o en un laboratorio regenteado por un científico de dudosa mentalidad. El argumento transcurre en un circo cuando Hans (Harry Earles), uno de los enanos, hereda una fortuna. Entonces Cleopatra (Olga Baclanova), la trapecista, junto al forzudo Hércules (Henry Victor), trazan un plan para robarle el dinero. Pero el circo de Freaks es un lugar lleno de personajes deformes, de tullidos y siameses, de seres extraños que no dudarán en defenderse porque, como bien se explica al principio, su código indica que si se ofende a uno se los ofende a todos.

Browning prescinde de efectos especiales y convoca a personas con deformidades físicas reales, las cuales serán el centro de la historia. Sus grotescas apariencias serán el hilo conductor, y el público norteamericano, al igual que con Vampyr, no estaría listo. Los monstruos de la Universal establecidos en el imaginario colectivo eran mucho más rentables que la macabra conceptualización de Freaks. No obstante, esta es una película que funciona perfectamente en la actualidad, con una atmósfera más que terrorífica e imágenes repulsivas que perturban.

The Old Dark House (James Whale, 1932)

Philip Waverton (Raymond Massey), su esposa Margaret (Gloria Stuart) y Roger Penderel (Melvyn Douglas) viajan en auto y quedan atrapados en medio de una terrible tormenta. Buscando donde refugiarse encuentran la casa Horace y Rebecca Femm (Ernest Thesiger y Eva Moore). Luego, a mitad de la noche, llegarán William Porterhouse (Charles Laughton) y Gladys (Lilian Bond). Pero el caserón esconde otros miembros que los visitantes no ven enseguida.

Y sí, otra vez James Whale. Para esta película la Universal no puso objeciones ni reparos, dejando al director hacer a sus anchas. El resultado fue una obra tan extravagante como espectacular, con una casa que cobra vida por sí misma y se establece como uno de los antecedentes más firmes en lo que respecta al género de mansiones embrujadas. La puesta en escena de claros tintes expresionistas logra una ambientación gótica y opresiva. Esto, sumado a un elenco en el que destacan un Boris Karloff interpretando a un mayordomo inquietante, y un Charles Laughton excéntrico y dicharachero, hacen de The Old Dark House un gran visionado para acompañar cualquier tormenta.

Mad Love (Karl Freund, 1935)

El Dr. Gogol (Peter Lorre) está enamorado hasta la obsesión de Yvonne Orlac (Frances Drake), esposa del pianista Stephen Orlac (Colin Clive). Cuando este último sufre un accidente y pierde sus manos, Yvonne le pedirá ayuda al Dr. Gogol, quien le trasplantará las manos de un asesino. Todo parece ir bien, pero las nuevas manos de Stephen parecen inclinarse por decisiones propias, y no del todo amigables.

Por más que el argumento parezca inclinarse hacia el elemento fantástico que implican las manos, la realidad es que Mad Love explora el lado oscuro de un médico en apariencia distinguido, pero al que la fijación por una mujer lo llevará a cometer los actos más impúdicos y perversos. Este Dr. Gogol es interpretado por un genial Peter Lorre, que venía de trabajar nada más y nada menos que con Alfred Hitchcock en The Man Who Knew Too Much. Su actuación eclipsa a las demás, y nos transporta a ese mundo sádico y morboso con maestría.

Después está la puesta en escena de Karl Freund, oscura y sorprendente en cuanto a su modernidad. Los escenarios costumbristas se plantean de tal forma que la mansión del médico o su quirófano pasan a ser tan terroríficos como cualquier castillo europeo.

Mad Love es una gran película, más olvidada que muchas de esta década, pero que sin duda merece un visionado.

Observación Final

No debería terminar este artículo sin agregar M (1931) de Fritz Lang, pero considero a este film más ligado al thriller y el suspenso, siendo su historia la de un asesino serial dando vueltas por la ciudad. También cabe destacar a King Kong (1933) de Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, film que gravita entre el terror y la aventura, e impactó notablemente por situar al monstruo en medio de la Manhattan de la Gran Depresión. Por último, nombrar a White Zombie (1932) de Victor Halperin, la cual es considerada la primera película sobre zombis que se haya hecho.

Hay mucha información y películas dando vueltas en este errático mundo llamado Internet, y este artículo no pretende ser más que un pantallazo de todo ese cine que a veces se olvida o que nunca llegamos a conocer. Desde Terror.com.ar esperamos que os haya gustado, y los conminamos a seguir bancando al terror, sea de la época que sea.

 

Deja un comentario

Cerrar menú